Proceso formativo

Noelia Montagud Martínez | Altaveu #5 2022

Importancia para la elaboración de itinerarios de éxito

El proceso de inclusión de las personas refugiadas, solicitantes de protección internacional y migrantes depende, en gran medida, del acceso a un puesto de trabajo digno y estable. Para ello, el acceso a la formación (reglada y no reglada), es un pilar esencial tanto para quienes quieren comenzar a trabajar como para el reciclaje profesional. Sin formación, las dificultades y los obstáculos para la inserción socio-laboral aumentan de manera considerable.

En el caso de aquellas personas que desconocen la lengua española, el aprendizaje del idioma es el primer objetivo. El período medio para alcanzar una comunicación eficaz en la nueva lengua dura unos veinticuatro meses, aunque varía según habilidades individuales y su lengua materna. Actualmente, el aprendizaje de la lengua española ocupa un papel central dentro del programa de acogida e integración de las personas refugiadas y solicitantes de protección internacional; aun así, no existen suficientes recursos externos, escuelas, centros de formación o profesorado experto/a en la enseñanza de español a personas refugiadas; más teniendo en cuenta las compatibilidades laborales y de cuidados.

Por otro lado, para todas las personas refugiadas, los procesos de homologación, convalidación, certificación y acreditación de la formación realizada en su país de origen son duros, complicados y con coste económico, convirtiéndose en dilatados procesos burocráticos que impiden el acceso a trabajos cualificados. A pesar de que muchas de estas personas tienen una buena formación académica, una experiencia laboral prolongada y, en ocasiones, una trayectoria en puestos de responsabilidad; normalmente, suelen trabajar en sectores caracterizados por la precariedad, la temporalidad y la baja cualificación profesional, pues la necesidad de disponer de ingresos económicos es imperante. Esta falta de reconocimiento socio-profesional implica un replanteamiento del proyecto vital y profesional, en un marco de desconocimiento del entorno.

Ante la dificultad de encontrar un empleo, muchas personas solicitantes de asilo y refugiadas desempleadas acuden a la formación para mejorar su empleabilidad, pero el acceso a esta es difícil, sobre todo, en aquella formación ocupacional subvencionada por organismos públicos, que exigen unos requisitos extremadamente difíciles. En determinados certificados de profesionalidad se requiere, por ejemplo, un nivel de estudios o idiomas acreditado para acceder, lo que resulta imposible para este colectivo, habida cuenta de las dificultades de homologación de estudios, ya mencionadas.

Además, la participación y el aprovechamiento a los cursos formativos presentan, en ocasiones, bastantes obstáculos, siendo necesaria la aprobación de ayudas para el transporte o de becas-salarios que permitan a las personas finalizar los cursos.

Se constata que, a través del sistema de reconocimiento de competencias y los nuevos dispositivos de regulación y reconocimiento de aprendizajes fuera del contexto rígido y estandarizado, se abre una importante vía para la incorporación de la población refugiada y migrante al mercado laboral en condiciones de calidad; aunque aún queda mucho trabajo por hacer para reconocer el patrimonio intelectual, cultural y técnico, así como sus conocimientos y habilidades profesionales.

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