Kristina: ‘He entendido profundamente qué es la libertad’

Kristina: ‘He entendido profundamente qué es la libertad’

Alba Rocher | Altaveu #5 2020

Espero a Kristina sentada y preparada en el escritorio de mi casa, junto al ordenador portátil. Los tiempos de pandemia en pleno estado de alarma obligan a no tener ningún contacto con nadie, así que realizamos la entrevista por videollamada. Algo más de una hora de conversación online entre Madrid y Valencia. Desde el primer momento concibo algo de cercanía, aunque sea a través de una pantalla.  Percibo a Kristina como una chica inteligente, con las ideas claras y dispuesta a luchar por lo que cree que es justo. Sobre todo, me sorprende su buen nivel de español y me vienen a la mente las palabras de esfuerzo y constancia. Nacida en Europa del Este, tuvo que huir de su ciudad natal por motivos religiosos. Su historia me conmueve y me hace reflexionar, así que lo intentaré transmitir a través de estas líneas.

Me pregunto qué llevaría a una mujer como tú a tomar la decisión de salir de su país.

Me cuesta hablar de esto. En pleno siglo XXI, un día te despiertas y todo cambia. Un miembro de mi familia estaba en la cárcel por motivos religiosos y yo quise huir porque no aguantaba más y quería vivir en libertad. Necesitaba dejar atrás el miedo y el dolor que me producía pensar lo que le podían hacer y deseaba que lo dejaran vivo. Sientes mucha impotencia de no poder hacer nada. En este momento, entendí qué importante era la libertad. Puedes ser un ciudadano inteligente, pagar tus impuestos, ser buena persona, pero te das cuenta que eso no importa nada.

«A mí me gustaría estar en mi país, pero he venido por una situación de peligro».

Tuviste que pasar mucho miedo…

Sí. En mi país me consideraba de clase media, tenía una casa y coche; pero, de repente, vi que toda mi vida cabía en dos maletas y nada más. No tenía opción; si te descubren, solo por tu religión vas a la cárcel. Tuve miedo y me provoca dolor, es traumático. Al principio, cuando veía a la policía en Valencia, me daba mucho miedo y me escondía; hasta que entendí que no era la misma policía que encontré en mi país. También, al llegar, tienes miedo a que te devuelvan, miedo a tu futuro y sufres estrés por un cambio de vida radical.

Hablemos de cómo te sentiste al llegar…

Cuando llegas, tienes un sentimiento como de no querer molestar. Al fin y al cabo, acabas de llegar a un país que no es el tuyo y sientes vergüenza en ocasiones por si la gente piensa que no debes estar aquí. En cierta manera, es como un problema de identidad porque no sientes que formas parte del país. Me resulta muy complicado cuando la gente me pregunta: «¿por qué estás aquí?», te paras a pensar y dices, «¿por qué yo?, ¿por qué ha pasado esto en mi país?». Algunas personas piensan que vienes a quitarles el trabajo o algo parecido y siento como si tuviera que pedir perdón por estar aquí. No entienden que a mí me gustaría estar en mi país, pero he venido por una situación de peligro.

La solicitud de Protección Internacional puede tardar hasta dos años en tramitarse, durante este tiempo las personas solicitantes de asilo como tú entráis en el sistema de acogida(1), a través del cual se os proporcionan recursos y apoyo para cubrir vuestras necesidades básicas y ayudaros a construir una nueva vida en nuestro país. ¿Cómo ha sido tu experiencia?

Mi marido empezó a trabajar muy rápido porque es ingeniero, aunque trabaja de mecánico. Los dos estudiamos español y queremos contribuir cuanto antes a la riqueza del país, no queremos que nadie nos mantenga. Solo estuvimos en la fase uno(2), no quisimos estar en la dos porque al ver que teníamos oportunidad de empezar a trabajar queríamos contribuir y avanzar rápido en la integración.

A las personas que me encuentro muchas veces les digo: “gracias por acogerme en tu ciudad”

Si echas la vista atrás, ¿te has sentido acogida por la asociación y por la sociedad valenciana desde el principio?

Estoy muy agradecida con los valencianos en general por la acogida tan grande que me han dado. Me han ayudado y me han echado una mano. No se trata de una ayuda económica, sino más de apoyo moral y psicológico. A las personas que me encuentro muchas veces les digo: “gracias por acogerme en tu ciudad”. Tienen paciencia con el idioma  a la hora de hablar contigo y se esfuerzan para entenderte siempre. Además, hay una cosa de los españoles que me gusta mucho y es que tienen un pensamiento muy positivo. Cuando algo va mal, siempre dicen que mañana irá mejor.

La verdad es que hablas con mucha soltura el español, ¿podrías decirnos qué te ha aportado a nivel individual el programa y las clases de español?

En primer lugar, me daba tranquilidad tener la oportunidad de estudiar el idioma, para acelerar la integración. En segundo lugar, están los profesores, que no solo te enseñan el idioma, sino que te abren las puertas a su mundo, a las costumbres de la ciudad y su modo de vivir, además de la motivación y ayuda. Te recuerdan continuamente que tienes un futuro. 

Por desgracia, nos hemos encontrado en los últimos meses en una situación sin precedentes con una pandemia mundial debido al COVID-19. ¿Cómo era tu vida antes del estado de alarma?

Estaba estudiando en una escuela de adultos para poder validar los estudios que ya tenía. Como tuve que irme muy rápido de mi país, no pude coger los papeles y los títulos que tenía autorizados.

¿Cómo has vivido esta situación?

Mi marido estaba trabajando todo el tiempo, incluso cuando tenía la oportunidad de quedarse en casa, pero él quería ayudar, igual que los sanitarios y trabajadores esenciales. Para mí ha sido complicado porque me estaba recuperando y empezando a salir de una situación de estrés para volver a meterme en una situación nueva de emergencia sanitaria muy complicada. Sin embargo, intentaba pensar que quedándome en casa podía ayudar a la sociedad con el virus, a no contagiar. Intentaba también ver la parte positiva, por ejemplo que podía estudiar más porque tenía tiempo. O relativizar; mejor estar encerrada en casa que en una cárcel en mi país. No podía ser egoísta porque de mi comportamiento puede depender la vida de una persona mayor.

¿Estableces algún paralelismo entre el estado de confinamiento y alguna situación que te ha tocado vivir con anterioridad en tu país?

El miedo. Lo relaciono con la sensación de miedo que vivía a diario por poder acabar en la cárcel. Aunque la situación de cuarentena que hemos vivido tiene todas las comodidades; resguardado en tu casa, con tele, cosas que hacer y aprender, y momentos para parar y pensar. 

Desde tu experiencia y, pensando en otras personas que pudieran estar viviendo una situación similar a la tuya, ¿qué podrías aconsejarles para que se atrevan a dar el paso?

Tomar esta decisión es muy complicado. En mi caso, consideré importante la libertad. Respeto a todo el mundo y por ello pido lo mismo para mí. Yo considero que elegí mi libertad y el respeto de los derechos humanos. Pero también hay muchas personas que viven con miedo y no son capaces de elegir. La libertad te da oportunidad y a la vez responsabilidad sobre tu comportamiento. No es una decisión fácil y es muy personal. No se puede juzgar a nadie por el camino que elija sobre si quedarse o irse.


(1) La Ley 12/2009 de derecho de asilo y protección subsidiaria determina la obligación de proporcionar a las personas solicitantes de asilo los recursos para satisfacer sus necesidades básicas. Para ello, el Gobierno ha desarrollado un Sistema de Acogida e Integración que pasa por varias fases: Fase previa de Evaluación y Derivación (Fase E. Y D.), Fase de Acogida (1ª fase), Fase de Integración (2ª fase) y, en algunos casos, el apoyo se puede extender a una Fase de Autonomía (3ª fase). La duración total es de 18 meses, ampliable a 24 meses para personas con una situación especial de vulnerabilidad. El Sistema de Acogida se desarrolla con la subvención a las organizaciones no gubernamentales y no lucrativas especializadas que están gestionando en la actualidad los recursos de recepción evaluación y derivación en la fase de primera acogida. En la actualidad son, concretamente Cruz Roja Española, Comisión Española de Ayuda al Refugiado y Accem.

(2) Fase de Acogida (1ª fase). En esta fase se cubren las necesidades básicas del beneficiario, desde el momento de su llegada a España, a través de los dispositivos de acogida, que están dotados con personal técnico especializado y completados con otros servicios, como los de intervención psicológica, interpretación y traducción, clases de idiomas y asesoramiento legal.

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