Hay otro tipo de vida

Cristina Martínez Vallier | Altaveu #5 2022

Dmitrii es una de tantas personas LGBTIQ+ que huye de Rusia porque quiere vivir libremente su amor. Tiene 34 años y en febrero cumple tres en España. Gracias a un trabajo en un crucero tuvo la oportunidad de visitar distintos países y descubrir que existe otra manera de vivir la vida. Aventurarse a conseguirla le ha supuesto volver a empezar desde cero, tomar la decisión de no regresar a su país de origen y sentirse con la fuerza de querer compartir su experiencia para ayudar a otras personas.

En Rusia cuentan con varias herramientas para que la sociedad actúe homofóbicamente. Desde la Constitución, que solo permite los matrimonios heterosexuales, hasta la Ley de propaganda Homosexual, que el Parlamento aprobó en 2013. Esta ley pretende “proteger a niños y niñas de aquella información que promueve la falta de valores familiares tradicionales”, y está suponiendo que los crímenes de odio se hayan duplicado.

Se podría decir que Dmitrii tuvo suerte porque su madre no le repudió cuando le contó su relación con Iurii, con quien se casó en 2018 en Dinamarca. “Al principio lloraba porque creía que ella había hecho algo malo durante la infancia, por haberse separado de mi padre y criarme con mi abuelaY, poco a poco, ha ido entendiendo”. Otros amigos no han corrido la misma suerte, y ante el rechazo, la violencia y el odio, con un dolor muy profundo, se han suicidado. La tasa de suicidios en jóvenes LGBTIQ+ en Rusia es muy alta. Según la OMS (2016), Lituania y Rusia son los países con mayor índice de suicidios en el mundo.

“Las personas en Rusia que esconden su vida no entienden que pierden su vida”.

El haber viajado y conocido otras realidades sembró la posibilidad de dejarlo todo atrás y marcharse de Rusia. Allí tenía un trabajo que le gustaba y con un buen sueldo: era el encargado del departamento de atención al cliente de un centro médico, pero vivía una doble vida. Por un lado, la que desarrollaba en su ámbito privado, por otro, el personaje que interpretaba para el resto de la sociedad. Fue, más que la paliza grave que sufrieron, la impotencia que sintieron al denunciarla en la policía el detonante para huir.

Decidieron venir a España por el carácter de la gente, y, en concreto, a Las Palmas de Gran Canaria porque querían que fuera “lo más lejos posible de Rusia”. Llegaron sin información, sin saber castellano y se encontraron con unos agentes de policía que les hablaron amablemente de CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). Entraron al Sistema de Acogida de Protección Internacional, en primera acogida, compartiendo albergue con otros refugiados, “16 personas en una habitación, al principio fue muy duro y acabó siendo una de las experiencias más maravillosas de mi vida”. 

Los meses de la fase de acogida y de preparación para la autonomía, con Accem, los vivieron en Madrid. Lo que más agradece de toda la formación, talleres y recursos ofrecidos es la ayuda psicológica “Con todo lo que había sufrido en Rusia tenía que hablar con alguien. Al principio, empezamos hablando sobre los casos de odio homosexual, de mi homofobia interna… Pero acabamos desarrollando mi personalidad. Clara, mi psicóloga, me ayudó muchísimo con empezar a luchar de verdad. Yo soy una persona que puedo hacer algo por los demás, puedo levantar mi voz y a lo mejor ayudo a alguien”.

“La vida nunca se para. Cada día es un buen tiempo para empezar”

Agradecido por todo lo recibido sentía que para de verdad vivir su nueva vida necesitaba encontrar un trabajo, alquilar su piso y pagar sus gastos. Cuando acabó el programa, decidieron mudarse, “Madrid es maravilloso y nosotros siempre habíamos querido vivir cerca de la playa”. Uno de los primeros festivales del Orgullo Gay que vieron, cuando aún vivían en Rusia, fue en Valencia, y les encantó.

“Un amigo publicó en Instagram que se buscaba recepcionista en un hostal. Yo siempre había escuchado que en España es más fácil encontrar trabajo por tus amigos ¡y no lo creía!, jajaja, y al final, así ha sido. Estoy muy contento”. Si bien piensa en estudiar algo relacionado con la gestión o trabajar en un hotel de cinco estrellas, lo que más le llena son sus ganas de cambiar el mundo y mostrar en Rusia que hay otro tipo de vida. Para ello, ha empezado a realizar vídeos y directos en su cuenta de Instagram (@dima_murrr), se ha prestado a participar en la campaña Ódiame y ahora aquí, en Altaveu.

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