Editorial

Altaveu #5 2020

Tal vez, en este tiempo de pandemia, a pesar del distanciamiento social, no estemos tan lejos los unos de los otros.

Desde que empezamos a oír hablar sobre el COVID-19 y, sobre todo, en el momento en que  el país entero se paralizó aquel 15 de marzo; todos y todas, de una manera más o menos consciente, hemos realizado un pequeño ejercicio de toma de conciencia sobre un hecho que forma parte de nuestra vida desde que nacemos, pero que por diferentes razones decidimos pasar por alto. Somos vulnerables y lo somos a diferentes niveles, como sociedad, como individuos y como seres vivos. Somos vulnerables porque estamos expuestos a una realidad cambiante que escapa de nuestro control. Una toma de conciencia que despertó nuestro miedo y nos hizo sentir frustración, rabia y tristeza durante los meses de confinamiento, y la posterior incertidumbre sobre el devenir de los acontecimientos.

Nos ha tocado vivir una pandemia, pero hay personas que, mucho antes de la llegada del COVID-19, ya habían experimentado esa sensación de vulnerabilidad en su peor faceta. Nos referimos a aquellas personas que se ven obligadas a dejar sus casas por encontrarse en una situación de peligro. Hablamos de las personas que llegan a Valencia buscando un lugar seguro donde refugiarse de las persecuciones, la violencia y la violación de derechos que sufren en sus países; de las personas que han solicitado Protección Internacional y que residen en nuestra ciudad y a quienes la pandemia les ha pillado huyendo, llegando o adaptándose al que será su nuevo hogar. Aunque en España se cuenta con un sistema que ofrece apoyo a este colectivo, el denominado sistema de acogida, la incertidumbre, el miedo y, sobre todo, la sensación de vulnerabilidad son parte de la maleta emocional que transportan consigo.

Seamos o no solicitantes de asilo, la crisis sanitaria nos ha sorprendido en medio de nuestros ajetreados días, nuestra rutina, nuestros planes, nuestras crisis vitales y nuestros logros cotidianos. Y todos y todas hemos puesto a trabajar nuestra capacidad de adaptación y superación. De algún modo, esta sensación de vulnerabilidad frente al virus, y frente a sus consecuencias socioeconómicas, nos acerca a través de las emociones a realidades ajenas a la nuestra. Realidades como las que viven las personas que buscan refugio, de las cuales podemos aprender mucho sobre la gestión del miedo y la incertidumbre, y, especialmente, sobre el valor y la resiliencia. Tal vez, en este tiempo de pandemia, a pesar del distanciamiento social, no estemos tan lejos los unos de los otros.

Esta quinta edición del Altaveu, publicada dentro del proyecto La nostra ciutat, el teu refugi, ha sido editada durante los meses de confinamiento, desescalada y su consecutiva nueva normalidad. Un monográfico que recoge los testimonios y experiencias de las personas solicitantes de asilo durante la crisis sanitaria del COVID-19; gracias al trabajo de las autoras y autores colaboradores, a través de los diferentes puntos de vista que componen la realidad de este colectivo. Un espacio para acercarnos a la situación de las personas solicitantes de asilo mediante sensaciones, emociones y pensamientos compartidos.

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